Las vístimas
Ese día terminaba una de las pasantías que hice durante la universidad. Después de casi 6 meses, la gente se despidió de mí, todos fueron muy amables. El jefe de la empresa me llamó a su oficina. Nunca antes me había llamado. Me felicitó por mi trabajo y me mostró una hoja. Eran unos planes de reorganizar la empresa, con un nuevo organigrama, en el que había un puesto al lado de él. Mostrándome la hoja, me ofreció ser su asesora directa. ¿Habría sido posible que él estuviera viendo mi trabajo todo este tiempo? ¿lo habría sorprendido? En el puesto ganaría 3 veces lo que recibía como pasante, una millonada para mi presupuesto de estudiante. Me alegré mucho, le agradecí, pero lo rechacé. Sí, aun me faltaban algunas materias de la universidad, y el trabajo que tenía, incluso como una simple pasante, implicaba llegadas muy temprano en la mañana y salidas hasta tarde. Ese semestre perdí varias clases porque no alcanzaba a salir a tiempo de la oficina. Le dije que agradecía la oportunidad, pero que quería terminar mis materias y, si era posible, dejar las "puertas abiertas" para dentro de seis meses cuando ya me hubiera graduado.
Me fui para la universidad feliz porque sentí que había hecho un buen trabajo, había tenido una buena experiencia y, al parecer tendría las puertas abiertas para cuando me graduara.
Cuando salí de la u, recibí una llamada de un numero desconocido. De nuevo era el jefe. Que raro, nunca le había dado mi número, pero seguro lo tenía por los papeles de mi pasantía.
Su voz era diferente, me insistió en que debía considerar su oferta, que iba a recibir más dinero, que me lo pensara bien. ¿por qué no vas a mi casa y nos tomamos un vino? - No me gusta el vino, señor. ¿Te gusta el té? tengo una gran colección.
Entendí para dónde iba su oferta, me enojé, le grité que era un abusivo, grosero y que no tenia ningún derecho a llamarme, y que gracias pero tampoco me gustaba el té. También me contestó con enojo, me dijo que él era una persona muy influyente y que si no aceptaba, podía olvidarme en trabajar en esa empresa o cualquiera en ese sector.
Le grité que me importaba un pepino y le colgué.
Que rabia.
Sentí mucha rabia, porque su propuesta no se basaba en mi buen desempeño, ni en las veces que madrugué o salí hasta tarde de la oficina, tratando de hacer un buen trabajo y de dejar la mejor impresión. Y ahora, seguramente, tampoco iba a tener esa oportunidad laboral para cuando me graduara.
...
Al poco tiempo, otra empresa, había sido contratada como asesora del director. Este señor a veces extendía injustificadamente las horas de trabajo y aunque yo no tuviera mucho que hacer, me pedía que me quedara por si él llegara a necesitarme. Cuando eres nueva y tu jefe te pide algo, se supone que debes hacerlo, o ¿no? Luego, por las salidas tarde que él mismo había provocado, se ofrecía a llevarme hasta mi casa. Algo que yo agradecía por "los peligros" de tomar un transporte sola en la ciudad. En los recorridos varias veces me insinuaba que fuéramos a tomarnos un vino, que la noche era demasiado joven. Yo le decía claramente que no, y que si quería ir a tomar vino, que él invitara a su esposa y yo llevaría a mi novio. Las cosas no subían más de ahí y yo sentía que lograba manejarlas. Había una compañera, algunos años mayor que yo, que de tanto en tanto chequeaba conmigo, ella sabia que el tipo a veces se ponía "pesado", y yo sabía que si algo se salía de la raya, podía ir donde ella, era como una hermana mayor. Si algo pasaba, quizá ella apoyaría mi versión.
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Muy pocas veces conté esas historias, quizá porque las manejé, quizá porque no pasaron a mayores, quizá porque no quería parecer una víctima. Pero creo que cosas como estas me pasaron, y siguen pasando porque nadie se atreve a hablar. Creemos que es normal que algunos hombres se pongan pesados, o que tengan malos tragos. Pero no hablar de eso tiene consecuencias.
En esos momentos, sabía que no había sido mi culpa, que yo no estaba por ahí dejando señales confusas. Sin embargo, si esos hombres, mayores para la edad que yo tenía, además en una situación de jerarquía sobre mí, se atrevían a proponerlo, era porque lo habían hecho antes, no sé cuántas veces, pero quizá en alguna ocasión, algo consiguieron. Pensaba que quizás en alguna de esas propuestas alguna mujer accedió ¿por miedo?, ¿por ambición?, ¿por ingenuidad?... ¿por necesidad? ¿Qué hubiera pasado si yo estuviera en una situación de necesidad? ¿habría accedido?
Sin duda, lo que siempre conseguían, era que no pasara nada. Nadie iba a denunciar porque "nada había pasado". Solo que sí había pasado. Para mí no era experiencias agradables.
Cuando tienes 20, 22 años y quieres empezar a surgir en el mundo laboral, crees que las posibilidades son muy limitadas. Solo conoces 2 o 3 empresas, esos 2 o 3 jefes son las personas que podrías poner como referencia en tu hoja de vida. Pensaba que además tener que demostrar mi trabajo, debía ser siempre muy cuidadosa de no ir a dar señales equivocadas. Siempre vigilante ¿Me pasaría eso en cada nuevo empleo que tendría? ¿tendría que cambiar de empresa y de sector si las cosas se subían de tono?
A veces veía a mujeres exitosas y pensaba, ¿será que llegaron ahí por su trabajo? ¿será que a ellas también les pasó? ¿cómo reaccionaron? ¿son exitosas porque accedieron? ¿son exitosas porque rechazaron?
Hoy veo que eso era una carga innecesaria. En vez de enfocar mi energía en cosas productivas, de vez en cuando aparecía algún vestigio de algo similar, algún comentario fuera de tono. Sentir que tenía que mantenerme vigilante me limitó muchas veces. Por ejemplo, me limitó en pedir una mentoría por parte de un jefe del sexo masculino. Pasamos gran parte del tiempo en el trabajo, y tus compañeros y jefes pueden ayudarte a reconocer tus puntos débiles o a desarrollar tus potencialidades. Me limitó también al relacionarme con algunas mujeres, como si el mundo se dividiera entre las mujeres que aceptan y las que no. Qué pensamiento tan limitante!
Con el tiempo y los años, me he vuelto más confiada. Hablo con hombres y mujeres sin ningún prejuicio. Luego aparecen campañas como las de #Metoo y las denuncias sobre personas famosas, deportistas, actores, directores, etc., y me acuerdo de esos primeros años.
Aún hoy, en los ambientes laborales deberíamos mantenernos alerta, de tanto en tanto chequear con los más jóvenes, hombres y mujeres, para asegurarnos que están en un lugar seguro. También chequear con las personas de cualquier edad que suelen tener algún tipo de comportamiento indeseado, para confrontarlos y/o mantenerlos a raya.
La violencia contra las mujeres no ha cesado, y como dice Angélica Lozano, es de las pocas cosas más igualitarias en este país, nos ha pasado a todas, en alguna medida, sin importar el estrato, el nivel educativo, o la edad. Por eso me atrevo a contarlas, para decir que no le pasan solamente a los famosos, y que no, no es normal. No, no te debería pasar.
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